"...veía con regocijo como otros 4x4 de las misma marca o modelo trataban infructuosamente de llegar arriba, todos con sonidos ensordecedores y grandes banderas que enarbolaban el lindo día que nos dio Ritoque al casi un centenar de vehículos que peleábamos por un turno en aquella subida."



Ritoque: El Cuco y las travesuras del anfitrión
1 de Junio del 2008

Como sabrán, este fin de semana fuimos un grupo a jeepear en Ritoque.
¡¡Ritoque, siempre Ritoque...!! Pensar que antes no me gustaban las dunas!!.
Un grupo conformado por Francesco F. (Hilux) que salió del asiento del copiloto y se subió a su Hilux, pero miraba con nostalgia los cherokees como subían las dunas.

Juan P., (Hilux) hay que darle una comisión
por presentar nueva gente y de muy buena calidad.
Rubén L. (Wrangler) que se nos está acostumbrando a la comodidad de un buen 4x4, a pesar del susto que pasó.
Juan Carlos (gringo) (Wrangler V8) que nos sorprendió con un Big Monster muy bien hecho, el que casi lo tuvo que entregar como garantía por un Wrangler que le vendió a uno de los presentes.
Gerardo C. (FJ. Crusier) nos demostró que los FJ, pueden llegar a marcar historia como su antecesor, el fiel TLC.
Gino (Vitara) no entiende que ser del Lado Oscuro, no es ser noctámbulo y que dentro de las reglas del mini grupo, no está el salir de noche en cada jeepeo.
Carlos R. (Montero) ... no se que decir....un ancla, frenos de aire, mucho "Yaco"???.
Ricardo S. (Cherokee) entró en el club de los desamortiguados, tuvo que dejarnos temprano por rotura de un soporte del amortiguador trasero.
Felipe L., (Cherokee) gran Baby Sitter, llegó con una sucursal del Lomiton, todo el Kinder arriba del Jeep y su infaltable "trineo".
Claudio (Cherokee) Invitado por Guillermo V., quién no calienta ni a un cherokee. Esta vez Claudio gozó de un vertiginoso jeepeo y vio como funcionaba un Cherokee sin el problema del calentamiento del motor.
Luis, (Toyota L.C. II) un amigo de Juan P., otro fruto de los jeeperos del grupo Transantiago, perdón, de Sonda...muy buena lección de como seguir a monstruos como el de Juan Carlos y Rubén sin quedarse atrás en su TLC. II, diesel - muy bien tenido y que anda como los Dioses. Le picaban tanto las manos por jeepear, que cuando se retiró Juan, el siguió muy adaptado junto a los que nos quedamos jugando en la arena.
Mogote (Cherokee) dejo a los demás que emitan su juicio, pero puchas que anda bien el Cherokee.

A las 11.30 hrs. estábamos entrando por la entrada que está al costado de las cabañas de Margas, después de cancelar una luquita, diez de los doce que asistimos, ya que Gino por esas extrañas circunstancias de la vida llegó un poco más tarde. Bueno, es cierto que tuvo que pasar por un par de talleres en Viña para arreglar un problema que tuvo con un amortiguador.
La primera fase del jeepeo fue llegar a la Cruz de nuestro amigo Norman, que feliz de vernos en su territorio, no nos dejó solos nunca más, jugando a ser algo así como un Daniel el travieso de la jornada.
Haciendo entretenidas piruetas en las laderas de las dunas, muy fiel a su estilo, Rubén tomó la vanguardia del grupo.
La primera travesura de nuestro amigo Norman, fue que el cherokito burdéo perdiera dos pernos de sujeción de uno de los amortiguadores delanteros, debiendo sacarlo hasta que llegaran los refuerzos que traería más tarde Gino desde una de sus correrías por la zona del 10 de Julio viñamarino.
Al llegar éste a las dunas, rápidamente solucionamos el inconveniente del amortiguador y seguimos adelante, pero esta vez bajo la conducción siempre entretenida de nuestro amigo Gino, que gracias a sus excelentes muñecas, le saca un provecho increíble a su pequeño Vitara.
Nos llevó a la trepada de los Cherokees, ahí había un gran número de jeeperos de otros grupos, entre los que se destacaba un bello Cherokee verde oscuro muy bien equipado, subiendo cada una de las trepadas con gran maestría y solvencia.

Nuestro grupo llegó a demostrar que nosotros no vamos solo a pasear a las dunas, el primero en asombrar a los presentes fue Gerardo que con su precioso F.J. trepó la subida de la cruz como si estuviera subiendo por el estacionamiento de algún mall, fue increíble ver la potencia de ese motor como llevaba al F.J. hasta la cima de esa trepada.
Luego trató Felipe, quién después de un par de intentos, llegó también donde se ve a los techos de los demás.
Las camionetas y un par de Cherokees jugaban trepando una y otra vez por las tres antiguas trepadas de los Cherokees.
Gino, que estaba en una tarde espectacular, fue el único Suzuki que llegó a la cima y veía con regocijo como otros 4x4 de las misma marca o modelo trataban infructuosamente de llegar arriba, todos con sonidos ensordecedores y grandes banderas que enarbolaban el lindo día que nos dio Ritoque al casi un centenar de vehículos que peleábamos por un turno en aquella subida.
Ahí fue cuando nos alcanzó el Gringo, que con un Wrangler de otra galaxia, acallaba el agudo bullicio de las pequeñas máquinas con un ruido ronco y potente del Chevy 350 y la buena cantidad de “perros” que lleva bajo del capot.
Con gran facilidad hizo que los inmensos neumáticos surcaran la arena, llegando a la cima con mucha, quizás demasiada facilidad.

Rubén que haciendo honor a su título de "Audaz Ritoquero", quiso olvidar a su viejo y querido toyotita, haciendo la trepada de una, pero lamentablemente no contaba con la presencia del dueño de esas dunas, que mediante otra jugarreta, lo dejó a medio camino cuando sorpresivamente el Wrangler se detuvo y el motor nunca más funcionó.
Tras llamados de auxilio, tuvo que devolverse hasta la base de la trepada. Ahí ni con todas las llamadas al comodín telefónico, la ayuda de los genios mecánicos del Club y la preocupación del Gringo que veía que en un rato más su Monstruoso Wrangler pasaría a engrosar las filas de los vehículos de nuestro amigo Rubén ya que obligatoriamente tendría que pagar la garantía.
Después de un par de horas y cuando los estómagos daban airados reclamos por hambre, decidimos que debíamos sacar a Rubén del lugar.
Entre tanto, el relator de esta historia había trepado un par de veces la subida demostrando que no solo el cherokee verde podía hacerlo fácilmente, a pesar que en un intento por seguirlo en la trepada que está más a la izquierda, en su loca carrera perdió un espejo lateral.

Eran cerca de las 16.30 hrs. cuando lamentablemente Felipe, Gerardo y Ricardo debieron abandonarnos, pues unos tenían compromisos y a otro el Jardín infantil le tocó la campana de retirada.
En ese instante, Francesco aprovechó y se incorporó al grupo para aprovechar de jugar entre las dunas mientras buscaban una salida.
La decisión de llevar a Rubén a la playa se veía la más acertada.
El gringo lo remolcó a través de la arena, el grupo comandado por Gino llegó después de una 1/2 hora al borde costero.
Era lamentable lo que sucedía, a nuestro amigo Rubén no lo hacía reír ni la maratón de la risa que a esa hora se presentaba en el Caupolicán.
Pero, después de los lamentos y muchas, pero muchas intentonas, Gino pidió permiso para tratar de hacerlo funcionar. Un "Bueno ya!!" que más sonó a un resignado "Da lo mismo" Rubén asintió a Gino para que tratara lo imposible.
Después de mover cables, tornillos, y quizás que cantidad de otras cosas, el jeep volvió a la vida y con él su dueño, que hasta este momento veía con resignación que lo tirarían todo el camino de vuelta a casa.
Daban las 17.00 hrs. cuando el milagro ocurrió y con la cara llena de risa tanto el Gringo como Rubén insistían en volver a las dunas.
Debido a lo avanzado de la hora, Juan y Guillermo decidieron regresar a casa y allí quedó nuestro nuevo amigo Luis en su Land-Cruisier-II a la merced de estas bestias.

Carlos, el Gringo, Luis, Gino, Rubén y yo nuevamente volvimos a las dunas, nuestro destino era "El Cuco", Francesco nos hablaba por la radio pidiendo posición. Curiosamente nunca más supimos de el, al parecer engrosó las filas de los desertores.
Después de un largo caminar, entre al arena, dunas cortas y largas. Sorteando matorrales y cactus para no dañar el eco-sistema, logramos llegar hasta la famosa duna del Cuco, nunca supimos por donde nos llevó el Vitara, pero la cosa fue que al atardecer, estábamos jugando en esa gran duna.
Siempre seguidos por un fiel e incansable amigo, un perrito que nos acompañó toda la tarde, bebió una gran cantidad de agua y comió los sándwiches que los presentes le dimos.
Fue muy entretenido todo ese rato, pues la duna estaba bastante complicada. Después de un rato, decidimos seguir adelante hasta una gran pared que hay justo detrás de la duna del cuco, esta vez fui yo quién cayó en manos de las traviesas bromas que nos tenía preparadas nuestro anfitrión.
Al llegar a la cima de una trepada angosta y muy empinada, había una curva que se perdía en un estrecho callejón de dunas, ahí estaba el Wrangler esperando ver como seguía adelante. Al ver esto, me vi obligado a frenar y quedé enterrado en la arena, por esas cosas extrañas, quedé atrapado por la "guata" (jajaja) la del Jeep, no la mía.
Mientras tratábamos de salir mediante la ayuda de Rubén, estaba tan enterrado que la argolla del Wrangler cedió y se cortó lanzando la Cinta de tiro como un proyectil hacia el Cherokee, gracias a Dios que no había nadie cerca y la cinta se enterró en la arena y allí quedó.
Estaba tan enterrado en la arena, que llegó un momento en que no podía mover el jeep ni para atrás ni para adelante y las puertas era imposible abrirlas.
El Gringo trató de sacar el jeep con el winche, pero no hubo caso. Decidimos que lo mejor era tirarlo hacia atrás y en ese instante, cuando ya no había luz, extrañamente el jeep salió absolutamente solo.

¿Otra travesura de nuestro amigo Norman?
El Monstruo del Gringo ya se había tragado toda la bencina y la luz de alerta hacía rato que estaba encendida.
Bueno, ahora si que era hora, así que empezamos a avanzar.
Al corto rato, se escuchó por la radio un "Chuuu....desmonté". Nuestro anfitrión definitivamente no quería que lo dejáramos solo.
No podía ser el Toyota o Carlos. No, tenía que ser el más grande, el que los neumáticos más parecían a los de un tractor que a los de un 4x4... claaaro, ere justo ese...el Wrangler del Gringo había desmontado.
Esta vez nos tomó casi una hora salir de ese problema, pero la premura del tiempo hizo que después de pero la premura del tiempo hizo que después de usar muchas técnicas para montar dicho neumático, decidiéramos cambiarlo por el de repuesto que era un par de medidas menor.
Sin problemas y muy oscuro avanzamos hacia el sur por las encaramadas dunas, bien sabemos que la oscuridad le da un plus especial al jeepeo, pero tomando en cuenta que íbamos con el Wrangler del gringo prácticamente sin combustible y con un invitado, que a pesar de safar absolutamente todos los inconvenientes, aun no conocíamos su experiencia, había que salir cuanto antes.
Aun no terminaba la osada aventura, aunque a esa hora aun se veían luces de otros 4x4 surcando las dunas, los problemas para este grupo estaban muy lejos de finalizar.
En una duna muy alta, donde el Gringo que a esa hora había tomado la punta, buscó por un lado más accesible, ese espíritu competitivo salió a esas horas de la noche cuando Gino después de un par de intentos logró llegar arriba de la inmensa duna y Rubén para no ser menos se vio obligado a seguirlo, lo que en cierto modo me obligó a mi también ya que ¿Cómo un Vitara iba a subir y no el Wrangler y por supuesto si subió el Wrangler, no podía quedarme sin demostrar que el Cherokee era igualmente capaz.
Una vez arriba, Luis trepó por el lado en que subió el Gringo y aparentemente a Carlos, la oscuridad le jugó una mala pasada y le puso más "yaco " que el necesario y llegando arriba, no vio lo cerca que se encontraba el Monstruo, estrellando su Montero en la retaguardia del monstruoso vehículo.
Por suerte, los daños fueron solo materiales y no sufrimos algo peor.
El Montero quedó parecido a algo así como un Bulldog y el Monstruo se quejaba de la espalda.
Después de esa amarga experiencia, tipo 21.45 Hrs. estábamos saliendo de las dunas con destino a una de las dos bombas bencineras para llenar los estanques, echar aire a los neumáticos y emprender rumbo a Santiago, lo que se hizo por distintos caminos.
El Gringo y Luis se fueron por La Calera, mientras Gino prefirió La Dormida y Rubén, Carlos y yo nos vinimos por Viña.
Y ¿el perrito? se preguntarán Uds.
Bueno, al llegar a la salida el tomó rumbo a uno de los moteles del sector y seguramente ahí estará aun recuperándose de esa larga y agotadora tarde de jeepeo.
Un entretenido paseo que dejó demostrado que cada uno de los jeepeos en Ritoque tiene su salsa y ninguno es igual al otro.
Buen grupo, mucha gente en las dunas.
Lo pasamos muy bien y nuestro Norman no nos dejó nunca solos, jugó con estos jeeperos hasta que lo fuimos a dejar a su cruz, despidiéndonos con un.
¡¡Hasta Pronto Amigo!!

Mogote


 


 

 

 





   
 
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