"Parece que el terreno estaba algo fangoso y resbaladizo ya que escuché por ahí que no le fue posible llegar arriba y hubo que ayudarlo cuando se inclinó más de la cuenta.
El procedimiento se hizo a “Pila”…si, una pila de (amigos), con la ayuda de una cinta, lo pudo enderezar y dejarlo en posición de seguir."



¡¡Shangrilá, casi en el patio de la casa!!
9 de Junio del 2008

Ayer se hizo un paseo al sector de Shangrilá en la Dehesa.
Un lindo lugar en la pre cordillera santiaguina a solo minutos de la casa, el día estaba fantástico, buena luz, poco calor… un lindo día de Otoño.
A las 9.45 Hrs. se salía de la Esso de Cantagallo, pero el lugar donde nos encontramos el 90% de los 4x4 fue en la Esso de los Trapenses.
A cinco minutos de ahí nos esperaba Jorge R. en un Range Rover e iba a cerciorarse que tanto se critica a los cementerios ingleses. (El comentario lo dejaremos para más adelante)
Un poco más tarde hizo su aparición el histórico Grand Cherokee verde, al mando de un reaparecido Gustavo P.
Estábamos listos para comenzar otro desafío.
Avanzamos siguiendo al eterno Guía, el Bronco nos llevaba a jugar en algunas rocas que había por el sector, hasta esa hora, de barro…aun nada.
Mas adelante, se vio un poco como vendría la mano, empezó un pequeño vals, a los vehículos se les estaban mojando las patitas.
En ese instante llegó un Rubicon de 4 puertas espectacular, era el Gringo que venía a hacer presencia, ya son dos paseos seguidos, bien por Juan Carlos.
El Bronco enfiló hacia una trepada, era bastante engañadora. Sin querer queriendo, algunos nos empezamos a resbalar cerro abajo sin poder avanzar. En mi caso, fue un espino el que tuvo la gentileza de parar mi carrera hacia el lado.

Por suerte la pendiente no era mucha y el lugar era lo suficientemente espacioso como para acomodarse sin problemas.
Fue Ricardo A. que con el winche del Montero me ayudó a salir de tan embarazosa posición.
Más atrás Jorge trataba de sacarle el máximo rendimientos a su Rover, pero lamentablemente los neumáticos inapropiados le prohibieron trepar y optó por quedarse en la retaguardia.
Fue entretenido ver como cada uno de los presentes peleaba tratando de trepar, algunos sin conseguirlo.
No fue fácil la tarea.
Al final, todos llegaron a la cima y siguieron por las pistas hasta que algún motoquero les dijo que ese lugar era solo para motos y que por favor se retiraran., cosa que se hizo de inmediato.
Según supe y escuché por la radio, el grupo enfiló hacia otra trepada.
Esta vez fue el Gringo quién tomó la delantera y trató de llevar su lindo Jeep a lo más alto del podium.
Parece que el terreno estaba algo fangoso y resbaladizo ya que escuché por ahí que no le fue posible llegar arriba y hubo que ayudarlo cuando se inclinó más de la cuenta.
El procedimiento se hizo a “Pila”…si, una pila de (amigos), con la ayuda de una cinta, lo pudo enderezar y dejarlo en posición de seguir.
Mientras ellos jugaban en el barro, yo acompañé a Jorge por otro sector.
Buscamos algunas grietas o trepadas donde los neumáticos del Rover no fueran tan determinantes.

Encontramos un par de grietas con barro que estaban en la entrada de uno de los cientos de circuitos para motos que hay en el fundo.
Pudimos probar nuestras máquinas y entretenernos un poco en ese lugar, la grieta era corta pero bastante honda, había que atravesarla y no era fácil salir de ella ya que tenía una fuerte trepada al final.
Ahí fue cuando decidí soltar la barra delantera y volver a probar con la suspensión más adecuada al terreno.
El Cherokee respondió como de costumbre y pasó esta grieta bastante bien.
Al Range, lamentablemente los neumáticos le volvieron a pasar la cuenta.
No importaba, total se estaba probando y la idea era llegar hasta donde resistiera este inglés de pura cepa.
Mientras hacíamos ruta por este sector, escuchábamos por la radio los comentarios de los que iban por el otro camino.
Entre una y otra grieta, llegamos a una trepada muy empinada que tenía mucho barro suelto y bastante profundo.
Al lado corría una zanja algo intensa y muy sinuosa.
Al principio se veía igual un poco complicada, pero nunca tanto como fue al pasarla.

Estaba llena de barro, de ese barro que al principio no se nota, pero cuando lo pisas brota con todo su esplendor. La grieta no era muy ancha y a medida que avanzabas, ésta se iba poniendo más honda y las curvas más angostas, llegamos a una piedra donde tuvimos que rellenar para que no hiciera daño al Jeep.
Una vez hecho el trabajo, tratamos de seguir por ella, pero la inclinación era mucha y el Jeep quedó literalmente afirmado en el espejo contra la pared izquierda.
En ese instante llegaron los demás, quienes al ver este espectáculo de inmediato bajaron de sus vehículos y empezaron a guiarme para que saliera de esa incómoda posición y no sufrir algún percance mayor que estar semi tumbado y afirmado literalmente del espejo.
Con la ayuda de Oscar que me ayudó afirmando la cola del Jeep con su winche, acomodándolo y permitiendo que pudiera salir de la grieta.
Una vez hecho el trabajo, fue él justamente quién hizo el intento de cruzar el complicado terreno.
El Bronco, como nos tiene acostumbrados con su gran potencia, no le fue difícil llegar hasta el punto donde había quedado atrapado el Cherokee.
Solo pudo avanzar un metro más que su antecesor. La pared y el escalón eran lo suficientemente altos como para frenar la potencia del V8 y demás inversiones que tiene el Ford.
Alvaro en su pequeño Samurai fue el siguiente, avanzó hasta unos metros más atrás de lo que llegó el Jeep y prefirió subir antes de la piedra, las inclinaciones no le gustan a nuestro amigo
Empezaron a repetirse los intentos de uno y otro hasta pero llegó el turno del Rubicon.

Este, haciendo gala de un manejo muy fino y adecuado, más el uso apropiado de los botones instalados para el caso, no solo llegó hasta donde lo había hecho el Ford, sino que abriendo camino, logró lo que hasta ese instante nadie había logrado. Llegar hasta el final de la difícil grieta.
El Gringo fue felicitado ya que demostró que no solo conducía un buen vehículo sino que lo hacía de forma muy diestra.
Nuevamente uno de los eternos “picados” entró en la grieta y haciendo honor de su pasado “toyotero”, más con “yaco” que con fineza, tras avanzar levantando ruedas y quedando en más de una ocasión en posiciones algo extravagantes, logró ser el segundo en lograr la hazaña, haciendo llegar a su Cherokee sin botones hasta el final de la zanja.
La cosa estaba ardiente, cada uno en su interior pensaba como hacer para llegar al final de esta grieta.
Mientras los demás estudiaban el trayecto, fue el Wrangler Sahara del sobrino del Gringo quién logró llegar al punto “G” de la grieta.
Este piloto del Wrangler que cuenta con un no despreciable motor de 4.7” y una cantidad de modificaciones que todos quisiéramos tenerlas en nuestros 4x4, hizo el trayecto acompañado por su tío que le dio algunas instrucciones para llegar al final sin dañar ni hacer sufrir al vehículo.
Con maestría logró que por tercera vez un Jeep lograra cruzar la grieta de comienzo a fin.
Cuando ya nos íbamos, Carlitos en su Cherokee rojo y sin la ayuda de nadie llegó al final.

Este Jeep tampoco estaba más equipado que con la barra desconectada.
Faltaban los Monteros, ninguno había hecho siquiera el intento.
Después de un fallido intento de Alfonso que con su Cherokee llegó hasta el mismo lugar de Alvaro, el que se arriesgó representar a los Montero fue Ricardo A., pero sin lograr el objetivo.
¿Quién sería el próximo?, ¿Algún otro Montero trataría de hacerlo?... silencio total.
Ya cuando nos íbamos, el postulante conquistó lo que hasta ese instante solo era territorio Jeep.
No hemos sabido si fue por el amor propio que le picó cuando veía que sus compañeros de equipo no hacían nada por pasar la grieta, porque se le había prometido un buen apadrinamiento para ingresar al Club o simplemente porque como postulante y varias veces vapuleado con tallas por su eterna presencia en las reuniones y nunca en paseos, este piloto con gran destreza y ayudado con las transformaciones que le hizo a su Montero, llegó al final de la grieta demostrando que está para grandes retos.
Una vez finalizada la etapa de la grieta que nos llevó un buen rato haciéndola, nos dirigimos a la gran trepada barrosa que había al costado.
Ya era tarde y los jugos gástricos reclamaban.

Nuevamente fue el Rubicon quién tomó el mando de la caravana.
A esta hora ya se había retirado el Range Rover del escenario que esta vez no fue un cementerio inglés. Seguramente con un par de inversiones en buenos neumáticos y otras cosillas nuestro amigo Jorge podría pasarlo mejor aun.
En la cima de la trepada el barro era aun más fangoso en la que un lindo y cariñoso espino pasó sus suaves ramas dejando sus huellas de amor en la pintura de la carrocería de nuestros 4x4.
Francesco recibió un buen saludo de este cariñoso arbusto chileno, dejándose un espejo de recuerdo y obsequiando a cambio un vistoso rastro de su presencia en la carrocería de la Hilux.
Una vez que todos llegamos arriba, nos preparamos para comer algo rápido y seguir adelante.
Oscar sacó unos apetitosos vegetales y demás ingredientes para una saludable dieta, acompañados de una deliciosa agua mineral sin gas.
Alvaro mientras tanto hacía un aperitivo menos sano pero más sabroso y nos agasajó con unos exquisitos salamines y un queso Brie que estaba de miedo. Todo esto acompañado de ricas galletitas de cóctel, las típicas papitas fritas y el buen maní salado.

Todo esto amenizado con los comentarios acerca de lo que había pasado hasta ese instante en el paseo.
A esa hora, un contagiado Gustavo, que curiosamente desde que compró “el verde”, nunca termina los paseos y siempre debe retirarse antes. (¿Será una enfermedad que se contrae en ese Grand?)
Al mismo momento que los demás nos entusiasmábamos degustando unos deliciosos chocolates de verdad que llevó Ricardo A.
Para salir más directo del lugar, Gustavo debió bajar por donde subimos, hasta llegar a la grieta y ahí tomar el camino.
Todos esperábamos el llamado de auxilio que no tardaría en llegar.
Se escuchó por la radio un, “Atención jeeperos, ¿alguien me copia?… acá Gustavo, por favor Oscar, necesito algo de ayuda, estoy atrapado sin poder avanzar”.
Oscar haciendo oídos al llamado de SOS., se preparó para partir en ayuda del complicado piloto.
En ese instante el Bronco le dijo: “Hasta cuando me hací’ trabajar… no pienso ir a ningún lado, necesito descanso” y se declaró en huelga de brazos caídos, botando su brazo de dirección al piso y negándose a andar nuevamente.
Esta vez le tocó a Carlos M. ir en ayuda de Gustavo.
Al parecer no era tanto como parecía ya que con un poco de trabajo con el winche salió de la piedra que lo tenía atrapado del diferencial y el Montero volvió rápidamente al lugar de reunión.
A las 15.30 hrs. debimos abandonar por lesión del Bronco.
El Montero de Ricardo fue el encargado de llevar al “apa” al malogrado ancianito, que afirmado desde la retaguardia por una cinta enganchada al Rubicon logró llegar abajo de la fuerte y resbaladiza ladera para luego avanzar hasta el camino que nos conduciría a la salida del recinto.
Junto al Samurai, preferimos ir por una grieta que bajaba a la derecha de la ruta usada por la caravana.

El Samurai, justo donde terminaba esta barrosa y empinada grieta cayó a un escalón que lo dejó atravesado y en muy mala posición.
Con la ayuda de Alfonso que lo esperaba a un costado, logró safarse de esa indeseable ubicación.
Una vez abajo, fue el show de Carlitos M. el que nos entretuvo por un buen rato.
Trató de atravesar un pequeño estero y no calculó que el barro que había lo dejaría súper enterrado y sin posibilidades de avanzar o retroceder.
El Sahara trató infructuosamente se sacarlo con una cinta y debió hacer un trencito con el Montero de José.
El postulante le puso tanto “yaco” cuando tiró que se llevó al Sahara hasta un hoyo que había al borde del camino.
Una vez sacados el Cherokee y el Sahara, Francesco mostró como había que atravesar el estero y poniendo su Hilux entre los triunfadores de la jornada, cruzó el agua y el barro sin mayores problemas.
A eso de las 16.30 hrs. la mayoría nos retiramos con rumbo a nuestros hogares mientras un grupo formado por el Rubicon, el Sahara, el Cherokee rojo de Carlitos y la Hilux volvieron a enredarse en los cerros, trepadas, grietas y espinos del sector en busca de una salida a Santa Martina.
Según se supo, por la información de un “Orejas peludas”, a las 18.00 Hrs. aun no la encontraban.
Buen paseo, buen grupo y lo mejor, al lado de la casa.
Habrá que repetirlo para buscar otras alternativas que no se topen tanto con las rutas para motos que hay en el lugar.

Hasta la próxima

Mogote.

Asistieron:
01.- Francesco F. - HI-LUX (organizador)
02.- Alvaro H. - Suzuki Samurai
03.- Oscar V. - Ford Bronco
04.- Jorge R.- Range Rover
05.- Ricardo A. – Montero
06.- José C. – Montero
07.- Carlos M. – Montero
08.- Gustavo P. – Grand Cherokee
09.- Juan C. C. y familia – Wrangler Rubicon 5 puertas
10.- Sobrino de Juan Carlos – Wrangler Sahara
11.- Alfonso E. – Cherokee
12.- Carlos M. – Cherokee
13.- Miguel G. - Cherokee


 


 

 

 

"Francesco en acción"
http://www.youtube.com/watch?v=T2bWL6Ap2PA




   
 
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