"El barro estaba escondido, al llegar al lugar el terreno parecía seco aunque en ese momento llovía bastante fuerte. A medida que nos íbamos internando en el fundo, el camino se ponía más y más resbaladizo....los 4x4 hacían una versión mecánica de "Dancing with the stars".
Chacabuco con Barro
21 de Mayo del 2008
Ayer 21 de Mayo, se celebró un año más del Combate Naval de Iquique.
Mientras algunas autoridades dormían placidamente al son de algunas nuevas promesas para hacer de nuestra patria un lugar mas fantástico, nuestros soldados, empapados esperaban pacientemente el momento de mostrar su impecable marcialidad en el tradicional desfile en la Plaza Sotomayor de Valparaíso y otros desafiaban la lluvia para encontrar el momento preciso para tirar una que otra piedrita a Carabineros, frente al Congreso.
Un grupo de jeeperos osaba desafiar el barro de un sector archiconocido pero nunca antes hecho en estas condiciones.
Todo comenzó con un llamado de nuestro amigo Mauricio, que al no poder asistir al desafío de Interlagos y para saciar su malestar, pidió organizar un paseo de los "Picados".
Este fue muy bien acogido por los que nos quedamos con los crespos hechos en Santiago, fue así como un pequeño grupo atendió este llamado y enfilamos hacia la zona nombrada.
Siete 4x4 fuimos los que al final tomamos el desafío. Dos Vitaras, Dos Cherokees, Un Grand, Un Wrangler y un Mitsuyota.
En el tradicional punto de encuentro y ante la exposición mediática de los vehículos estacionados todos juntos, las miradas de los curiosos estaban puestas en el Mitsuyota ya que con su gran envergadura llamaba profundamente la atención.
Esto fue hasta que al lugar hizo su arribo un Wrangler año 2007, color rojo y con un toque muy Gringo en su "enchulamiento", grandes neumáticos, tapas de diferenciales marca ARB, parachoques de la misma marca, adhesivos, etc, etc, etc...
Nadie sabía quién era, pero era bueno que otro jeepero se hubiese incorporado a este paseo.
No fue así, era ni más ni menos que el "Renegado Toyotero", que como le gustó tanto su experiencia de manejar un JEEP, en pocas semanas ya adquirió otro más. Este es rojo, “para no extrañar a mi viejo y querido Chevotita" decía, a la vez que prometía que el "blanco" se había ido a la venta.
Bueno, volviendo a lo nuestro, el jeepeo propiamente tal estuvo muy bueno. Chacabuco es un lugar muy poli funcional. Hay para todos los gustos, lo único que le está faltando son las dunas. El barro estaba escondido, al llegar al lugar el terreno parecía seco aunque en ese momento llovía bastante fuerte. A medida que nos íbamos internando en el fundo, el camino se ponía más y más resbaladizo....los 4x4 hacían una versión mecánica de "Dancing with the stars".
Llegamos a la zona de encuentro, aquella que está al costado de una formación rocosa muy usada en tiempos secos. Trepamos la subida que hay al costado y ahí nos dimos cuenta que esto no era para la risa. Una vez arriba, nos dirigimos en zig-zag hasta el roquerío que sirvió de primer punto en la prueba de orientación.
Estábamos recién probando motores. Luego, nos dirigimos hasta aquella trepada que nos da tantos dolores de cabeza cuando está seca...el que hacía de Roland en ese momento, trató infructuosamente de llegar arriba, el barro gredoso y resbaladizo hizo que los esfuerzos del Cherokee fuesen en vano. Lo seguía el Mitsuyota y mas atrás empezaba la trepada el Wrangler. Los tres quedaron en expectantes posiciones, el barro no permitía el avance de los vehículos y hacía de estos, una versión embarrada de los antiguos autitos chocadores. El Wrangler pasó rozando el neumático del Mitsuyota cuando en una loca e incontrolable carrera, trató de esquivar infructuosamente al “engendro” de Mauricio.
Mientras la mayoría de los participantes hacían todos los esfuerzos para vencer a esta trepada, Mauricio y quién habla, nos dirigimos a probar por otra escalada. Esta es una huella que lleva a una cantera, la pendiente es fuerte y aunque los vehículos ponían todas sus fuerzas para treparla, el barro hacía su incansable juego de botarnos para el lado y asustarnos con una fuerte ladera con mucha pendiente que acompaña a esta huella. Aunque había baranda, el temor a caer era obvio. En una curva muy cerrada, el Cherokee no dio más y los neumáticos daban vueltas en banda sin avanzar ni un centímetro más, Mauricio que venía raudo, al encontrarse con este escollo en plena curva, hizo una maniobra que hasta ahora no entendemos como logró esquivar al Cherokee pasando por el lado a solo milímetros y sin tocar ni un mísero tornillo (que es como no tocarle ni un pelo si estuviéramos refiriéndonos a humanos). Devolverse por esta huella parecía imposible y la adrenalina subió al máximo cuando uno de los vehículos, marcha atrás casi cayó a la pendiente, pero gracias a las indicaciones de Alfonso y Mauricio, logró salir de tan incómoda posición.
El Mitsuyota mientras tanto debía bajar. Para eso, debió hacerlo por la pendiente resbaladiza y llena de espinos que había a un costado. La maniobra fue arriesgada pero se hizo con extremo cuidado y logró safarse del peligro inminente que significaba estar en la posición que había quedado.
En tanto, el antiguo toyotero, haciendo uso de los regalos que traía este nuevo juguete logró vencer la trepada y miraba con orgullo como los admirados compañeros de ruta comentaban como había subido aquel Wrangler. (Solo el sabía que usó hasta los botones de la camisa para lograrlo) en fin, son para eso.
Luego de este entretenido lugar, nos dirigimos por el camino hacia el lugar de los asados. Por supuesto que el guía se perdió y tomó otro camino (siempre me pasa en ese lugar), pero eso fue el aditivo para seguir jugando en un barro que a cada instante se hacía más pesado.
Hubo que pasar una grieta muy profunda y algo peligrosa ya que tiraba la cola de los 4x4 a un socavón que había a la derecha.
Cada uno pasó como pudo este nuevo escollo, Rodrigo en su Vitara nos dio una clase de como pasarlo, aprovechando una desestabilización del vehículo, cuando éste quedo literalmente atravesado en la bajada, lo dejó caer para después acelerar y salir triunfal de esta peligrosa grieta. Claudio que hasta ahí no creía en las bondades de su Grand, pasó como Pedro por su casa. Era tal su felicidad, que no se cansó de repetir por la radio lo entretenido que estaba resultando el paseo.
A decir verdad, él no se equivocaba para nada, el paseo estaba realmente entretenido.
Gino que siempre es osado, fue a buscar nuevos desafíos y el “Renegado Toyotero” hacía lo mismo pero por otro camino.
Al cabo de un rato, por la radio se escuchaban sendos llamados de auxilio de ambos. Gino había quedado en una incómoda posición, peligrando que un espino que había interceptado su andar, le rompiera los vidrios de su pequeño gran 4x4. Alfonso y Rodrigo fueron en su ayuda. Con cintas de tiro y mucho esfuerzo, lograron sacarlo de ese lugar sin lesiones graves. En tanto, nuestro amigo renegado, pedía insistentemente que fueran en su ayuda. Mauricio y quien habla partimos en su socorro. La situación no era para la risa, es más, el Wrangler había caído varios metros por una pendiente muy fuerte, gracias a Dios un espino, esta vez jugó a favor del interesado, lo afirmó de un posible accidente de proporciones.
Haciendo uso del winche, logramos traerlo de vuelta a la cima plana del cerro y estabilizarlo. Algunos chistes hicieron sacar una sonrisa de ese pálido rostro que estaba sentado casi paralizado frente al volante. Nos contó que tenía cerrado hasta los hoyos de las narices de lo apretado que estaba.
La bajada del cerrito fue también complicada ya que el pesado barro, hacía una vez más emular a Fred Astaire en "Bailando bajo la lluvia" cuando nuestros vehículos bajaban atravesándose en el camino de lado a lado, esquivando espinos y ramas, tratando de que no se nos fueran para la pendiente. Una vez abajo, el agradecido Wrangler rojo agarró a besos al Cherokee abrazando con una de sus ruedas el tapabarro de éste último.
Decidimos partir a buscar un lugar para almorzar y por supuesto comentar los atractivos de Chacabuco. Llegamos al lugar de la Prueba de la Cinta, las grietas que eran un lodazal, hicieron muy entretenida la llegada al lugar, jugamos un buen rato hasta lograr que los siete estuviéramos frente a un exquisito sándwich y una memorable cerveza. Una vez terminado el refrigerio, atravesamos nuevamente las grietas, que a esa hora ya estaban mas secas y nos enfilamos a otro sector del inmenso predio. Pasamos a través de grietas, planicies mojadas y algunas trepadas no muy grandes hasta que el guía quedó entre que botado y atrapado en un túnel de árboles.
Tratando de llegar a una trepada que se veía muy auspiciosa en el cerro, quedé atrapado entre las ramas de un estrecho callejón de espinos que tenía inclinación para ambos lados. Con el uso de una cinta, el Mitsuyota me ayudó a salir de esa inconfortable posición.
Gino tomó la delantera y nos llevó por una senda que no habíamos hecho anteriormente. Llegamos a la cima de un alto cerro, donde pudimos observar la belleza del sector, que a esa hora mostraba los rayos de un tímido sol escondido entre las nubes cargadas de agua, una imponente cordillera nevada que relucía contrastando con una maravillosa gama de pinceladas verdes en la vegetación humedecida por la lluvia caída hasta ese momento.
En realidad, era una hermosa postal de nuestra tierra. A lo lejos y despreocupado de observar este plano maravilloso, Gino hace un segundo llamado de auxilio. Esta vez estaba muy incómodo en una ladera que debido a su inclinación, dejaron muy mal parado al Vitara. Un Alfonso muy cooperador llegó junto al “Renegado Toyotero” en su auxilio. Mediante el uso de winche, poleas y todos los implementos que había al alcance, lograron sacarlo y ponerlo nuevamente con las cuatro ruedas sobre el plano.
Una vez finalizada esa maniobra, fue el Cherokee de Alfonso el que nos hizo pasar un nuevo momento de emoción cuando en una arriesgada maniobra, tuvo que tomar la ladera para poder salir del lugar y por el barro existente, el vehículo se fue resbalando ladera abajo casi sin control. El piloto, con una sangre fría que no le conocíamos, salió sin problemas ni ayuda de ese comprometido momento.
Ya era hora de salir, los relojes marcaban las 17.00 hrs. y el sol se iría pronto. Quién iba de guía? Ginito pues, ¿quién más?.
Todos sabemos su innegable atracción por el jeepeo nocturno y nos llevó a terminar la ruta de Chacabuco como correspondía según el, por el mismo lugar donde empezamos. Para esto, tomamos una subida nueva que descubrió nuestro amigo Gaspa cuando preparábamos la prueba de orientación hasta llevarnos al sector de las rocas más complicadas del fundo, ahí donde jugaban los 4x4 a control remoto, si, justamente ese lugar que es solo para los amantes del Trial. Era de noche y cualquier paso en falso podía significar un trágico desenlace del paseo, especialmente en un sector donde aun con luz es peligroso. Todos sin excepción de nadie salimos ilesos y felices del lugar, felicidad que duró exactamente lo que dura un “candy” a la salida del colegio, había que bajar la trepada larga que no pudimos subir en la mañana. Estaba muy resbalosa, los vehículos se iban y atravesaban sin control. La adrenalina llegó a su máximo límite cuando ya pensábamos que nos íbamos a descansar.
Fue una experiencia muy buena, los conductores mostraron toda su habilidad y logramos salir nuevamente sin problemas de aquella situación. Ahora si ya era hora, los cronómetros marcaban las 18.00 hrs. o quizás más tarde, no lo recuerdo bien.
La oscuridad era total cuando dimos por finalizado un paseo que tuvo de todo, muchísimas emociones, un gran compañerismo, mucho barro y todos los ingredientes para ser considerado un PASEO MEMORABLE.
Superó con creces cualquier expectativa.
Nos vemos en el próximo paseo si Dios quiere.
Mogote
Conclusiones:
- Claudio, aun con la inseguridad que le daba el manejar por primera vez en barro y en un vehículo casi estándar, se dio maña y superó todas las trabas saliendo airoso de los muchos escollos que presentó la ruta.
- Rodrigo asombra por su habilidad conductiva y como sabe sacarse con gran maestría cada uno de los obstáculos que la ruta le pone.
- Alfonso mostró una sangre fría que no le conocíamos y una cooperación fuera de serie.
- Gino nunca cambiará, ahora sabemos a quien salió Tomás, su incontrolable adrenalina lo llevó un par de veces a clamar por asistencia de urgencia. Maneja un kilo y le saca mucho partido a su pequeño Suzuki.
- Mauricio y su Mitsuyota cada vez están más cohesionados entre si, las grandes prestaciones que tiene su 4x4 le han dado más de una satisfacción superando con creces las trabas de la ruta.
- El “Renegado Toyotero” dio muestra de una conducción arriesgada y toyotera a todas vistas. El Wrangler II lo dejó muy contento, fue el único en lograr subir una trepada que estaba imposible.
- Definitivamente el Cherokee rojo ama a su conductor, éste parece cachorro como le responde en cada uno de los esfuerzos sobre mecánicos que le impone su amo, logrando salir airoso de casi todo a lo que el pobre es sometido.
Participantes:
“Renegado Toyotero” – Wrangler
Mauricio S. – Mitsuyota
Gino B. – Vitara
Rodrigo D. – Vitara
Claudio M. - Grand Cherokee
Alfonso E. – Cherokee
Miguel G. - Cherokee