SALARES 2008: “El Regreso”
Enero 2008

La Partida

"Han pasado 4 años.
4 años en los que hemos recorrido miles de kilómetros y rutas distintas.
Pero en el recuerdo sigue nítido e imborrable.
Cada día, cada Salar, cada Volcán.
Han pasado 4 años y es tiempo suficiente. Ya es hora.
Estamos en camino.
Salares....me verás volver."

La invitación estaba planteada y rápidamente se inscribieron sus participantes.

En total, 17 socios, 32 personas y 12 jeeps para recorrer mil kilómetros de solitaria travesía por una de las zonas más inhóspitas de Chile.

Casi dos meses de preparativos mantuvieron ocupados y entretenidos a los socios participantes, resolviendo problemas de logística, de carga, de transporte de combustible, de cuidado y manejo en la altura, de ropa adecuada para el frío y calor extremo, y de comida y agua suficiente. Este tiempo invertido es invaluable, ya que permite asegurarnos de que todo esté debidamente planificado para minimizar los riesgos durante la travesía y así disfrutar al máximo esta experiencia única.

El grupo lo conformaban: Carlos M. y Luis M. (Montero), Ricardo G. y su hija (Galloper), Gino B. y su hijo y cuñado (Galloper), Rubén L. y su hijo (Kia Sorento), Ricardo A. y su hijo (Montero), Oscar V. y sus hijos (Montero), Alfredo V. y su hija (Grand Cherokee), Pato M. y Carlitos M. (Cherokee), Los Garaf___, (Trooper), Gonzalo B., Francesco F. y Ricardo B. e hija (Patrol), Gonzalo J. y familia (Grand Cherokee) y Willy H. e hijos (Ford Explorer).

Con la ansiedad por iniciar el viaje consumiéndonos, al fin llegó el día de la partida. Reunidos todos puntualmente el sábado (con la excepción de Rubén y Gino), iniciamos viaje rumbo al norte con Bahía Inglesa como destino. No faltaron las empanadas de Huentelauquén, ni la parada a almorzar en la Copec de La Serena.

Arribamos alrededor de las 19:00 horas a Bahía Inglesa, iniciando inmediatamente el lento proceso de cargar el combustible necesario para la Travesía. Cargar 180 litros en bidones auxiliares más en llenado de cada estanque es todo un ritual que toma mucho tiempo (y también dinero), sobre todo cuando son en total 12 jeeps que deben realizar el mismo proceso.

Luego de eso, nos instalamos en las cabañas y partimos a Caldera a comer nuestra última cena a nivel del mar antes de iniciar la travesía. El grupo estuvo muy animado, y no faltaron los efectos colaterales en los primeros socios que tomaron acetazolamida, como el caso de los Ricardos (padre e hijo), que solicitaron cambiar las bebidas y cervezas por su extraño mal sabor, o como el caso de Oscar al que se le durmió la mitad de la cara luego de tomarse una pastilla completa.

 


 

 

 


   
 
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