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"Acampar en la Cordillera es distinto a cualquier otra cosa. El viento que estremece hasta los pensamientos, el aire levemente enrarecido, las montañas como gigantes que te rodean y observan y el frío como una sombra que no te abandona"
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PASEO A MALARGUE: Siempre que un paseo tiene aroma a desafío se convierte en algo especial.Desde su preparación el paseo ya está marcado. Comenzando con la búsqueda de la ruta, que se convierte en toda una odisea virtual para los organizadores, donde a través de la magia del Google Earth se recrean nítidamente cerros, quebradas y senderos, como un presagio de lo que vendrá. La idea era cruzar en territorio Argentino directamente hacia Malargue desde las Termas del Azúfre, evitando la vuelta por Las Loicas. Este cruce ya había sido intentado un año atrás sin éxito. Como antecedente, sólo se disponía de un relato de un grupo argentino que había realizado el cruce unos cuatro años atrás. Salimos de Santiago un grupo de 10 jeeps, todos bien preparados para enfrentar los avatares de la ruta. Winches, bencina, comida y equipo de camping era parte del equipaje. Y lo más importante, un grupo dispuesto a enfrentar el desafío: Oscar V. en su Rubicon nuevo con Alfredo V. de copiloto; Rubén L. y señora en su Wrangler Stroked, Luis M. bajo el control de su cuñado en un Montero; Carlitos M. y su padrino Gonzalo T. en el Secreto Cherokee de la Montaña; Alfonso E. y su colega Claudio M. en Cherokee; Carlos M. con su sobrino Felipe M. en Montero, Luis Alberto y Juan P. en el TransToyota; y los solitarios Gonzalo B. en Cherokee, Hugo M. en Nissan y Guillermo V. en Montero. Algunos de ellos fueron testigos del intento anterior y quisieron enfrentar nuevamente el reto. Las distancias se cubren rápidamente cuando la conversación por radio es amena. Arribados a la zona de Curicó, se inició el ascenso por el Río Teno hacia la Cordillera. El camino está en muy buen estado, mantenido rigurosamente por una empresa cementera; pero una vez llegados a ella se transforma en un camino angosto atestado del tránsito de interminables rebaños de cabras y bovinos, que nos recuerdan el fin de la veranada. Llegamos al retén de Carabineros ubicado cerca de la frontera, para iniciar la tramitación correspondiente. Aparecieron los socios en procesión entregando la documentación correspondiente: salvoconductos, cédulas de identidad, padrón del vehículo, seguro obligatorio para entrar a Argentina….. ¿seguro obligatorio para entrar a Argentina?. A pesar de los detallados emails de la Organización explicando toda la logística del paseo, nuestro postulante Luis Alberto no llevaba el seguro exigido por Argentina para el ingreso de vehículos, y cuando ya estaba resignado a iniciar el regreso a Curicó con la esperanza de obtener el seguro y regresar a nuestro encuentro al día siguiente, para su suerte, este documento no le fue solicitado por lo que Luis Alberto pudo continuar con el viaje con el TransToyota. Terminamos de ascender la Cordillera por el lado chileno para alcanzar el hito fronterizo que marca el fin de nuestro país. Desde lo alto, Argentina aparece como un gran territorio de suaves pendientes que descienden al llano, tan inexplorado y desconocido para nuestra sed de rutas, que bien valdría la pena destinar más kilómetros a recorrerlo. El puesto de gendarmería nos esperaba con su bandera albiceleste flameando firmemente y con el atardecer en su última luz. Con mucha amabilidad nos hicieron rápidamente los trámites de ingreso y avanzamos por un gran valle donde residen las Termas del Azúfre a los pies de un glaciar. Extraña es la naturaleza para conjugar el frío y el calor, casi dándose un abrazo fraterno, una suerte de Yin y Yang, para hacer convivir polos opuestos pero en equilibrio. Todavía hay mucha sabiduría que adquirir de la Pachamama. A oscuras armamos el campamento en una planicie a un costado del Río Valenzuela. Acampar en la Cordillera es distinto a cualquier otra cosa. El viento que estremece hasta los pensamientos, el aire levemente enrarecido, las montañas como gigantes que te rodean y observan y el frío como una sombra que no te abandona, todos ellos te golpean en la cara para demostrar la precariedad de la vida, y resaltar que lo único trascendente es el alma. Al día siguiente nos levantamos contentos y abrigados, para tomar un desayuno reponedor mientras el sol se decidía a entibiarnos. Algunos valientes refrescaron sus cuerpos en las gélidas aguas del Valenzuela (del río, no el socio). Este acto medio masoquista más que un grito a la limpieza, es una forma de dejar el asiento de espectador para dejar que la piel entre en contacto directo con lo que nos rodea, para permitir que el agua convertida casi en hielo active hasta la última de nuestra células, y así recuperar la sensación de existencia dormida en la placidez de una oficina. Comenzamos el descenso hasta nuestro primer destino: el Puente Amarillo. El camino en muy buen estado es una sucesión de curvas al ritmo del Río Valenzuela, que más abajo se une con el Río Tordillo para formar el Río Grande. Al poco andar, Rubén nos alerta sobre su motor stroked detenido y con olor a bencina. Cuando ya comenzábamos a elaborar sofisticadas teorías, descubrimos que la manguera del combustible estaba desconectada. Una falla simple, pero no exenta de un grave riesgo de incendio. Así llegamos al Puente Amarillo, un gran puente que cruza hacia ninguna parte, ya que apenas cruzado, el camino desaparece casi completamente en el abandono. Es una cuesta que se pierde entre la arena del cerro. Nuevamente es muy raro encontrarse con verdaderas dunas cordilleranas, pero este paseo no dejó de asombrarnos permanentemente. Costó bastante trepar a cerro abierto para reencontrar el camino. Varios intentos fueron necesarios, en lo que sería al final del día el sector más complicado. Encauzados nuevamente en el camino, continuamos subiendo y el motor del Cherokee de Alfonso comenzó a dar muestras de cansancio y calor. Luego de varias detenciones, logró llegar a lo más alto, y aprovechó cada fuente de agua para rellenar su depósito, lo que le aseguró un paso más tranquilo en las subidas que restaban. Antes del almuerzo, Rubén nos alerta nuevamente sobre una falla eléctrica: su batería hirvió liberando sus ácidos en el interior del motor, dejando una poco grata secuela en la pintura del Wrangler. Sin tener claridad sobre las causas, continuamos el viaje. Rubén siguió apoyado muy de cerca por Hugo y Carlos M. ya que de vez en cuando requería apoyo de otra batería para hacer andar su motor. Reanudado el andar, el track trazado detalladamente por la Organización, nos llevó por angostos caminos cordilleranos, donde el silencio reinó en la radio; por paso de quebradas y esteros; por cañones que no dejaban ver su término; en suma, paisajes distintos, a los cuales nuestros chilenos ojos no están acostumbrados. Así fue como sin mayores percances avanzamos hacia nuestro segundo destino, ya en la salida de la ruta: la casa de piedra. Esta casa era la única señal con la que contábamos para encontrar el cruce del río y poder terminar la ruta, ya que el camino normal en el anterior intento estaba cerrado con un portón con candado. Las coordenadas de la casa habían sido establecidas mediante una detallada revisión de Google Earth realizada por la Organización, así que con seguridad la caravana se dirigió al punto precisamente marcado. No obstante, al llegar cerca del río a cruzar, si bien la casa era visible desde lo alto, nos separaba una quebrada de pura roca, que no dejaba ver con facilidad el camino a seguir para su encuentro. Con cuidado y observación, avanzamos por un imaginario sendero que se iba abriendo a medida de nuestro avance. Así, sorteando grandes rocas, llegamos a la casa y al vado en cuestión, alcanzado la ribera opuesta sinónimo del fin del desafío. Desde allí, en el mismo punto donde un año antes se abortó el intento de cruzar el río, la verdad es que el acceso parece un fuerte de piedra inexpugnable. Reunidos todos en el Castillo de Pincheira, una extraña formación rocosa que debe su nombre a la banda chilena de los Pincheira del 1800, y con el grato sabor de la tarea concluida, seguimos rumbo hacia Malargue para degustar una reponedora carne Argentina, como un premio bien ganado para un día intenso. Al regreso a Chile, realizado por el mismo paso del Planchón, nuestros ojos y nuestra mente se clavaron en un nuevo desafío: el cruce hacia las Leñas por el Valle Hermoso. Con este grupo de amigos nada es imposible. Gonzalo B.
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