"La trepada que era realmente muy complicada ya que estaba muy embarrado lo que la hacía especialmente resbalosa, además, tenía una leve inclinación sin barandas a un precipicio"



PASEO A LINARES (Sector de Rari)
27, 28 y 29 de junio de 2009

RUTA: Súper Ocho

El sábado 27 de junio se realizó un paseo a la zona de Rari, Panimávida en la séptima región. Contamos con un gran número de participantes, catorce para ser exactos. A las 12.30 hrs. aproximadamente la columna de jeeperos se adentró en el Fundo del Tío Pelelo. El camino se veía algo fangoso gracias a las lluvias que cayeron durante la semana en la región.

Lo primero fue badear el estero, que estaba muy profundo. Ahí nos detuvimos un rato para rejuntarse con los que veníamos algo retrasados. La lluvia que se anunciaba no eran los socios muy adecuados para hacer una ruta rápida. Entramos en la ruta del “8”. Solo metros más adelante, en la primera curva complicada, avisaron por la radio que los primeros habían pasado pero no sin inconvenientes. Oscar había quedado un tanto complicado y debió pasar la grieta con extremada precaución. A esa hora nadie se imaginaba que la primera parada de emergencia del fin de semana estaba por venir. Efectivamente, un amigo nuestro que nos está acostumbrando a verlo en distintas posiciones, esta vez no falló y después de tratar de trepar evitando una zanja que acompaña a esta trepada, quedó mirando para el Sud-Este y casi de posición invertida.

Otro susto y otra marca para agregar a su Nissan, incrementando así la colección de don Hugo. Gracias a Dios solo fue un susto, que acompañaba a los llamados desde la punta de la caravana, pidiendo ayuda para los que iban pasando la grieta encajonada que sigue a la trepada. Con la ayuda del Winche instalado en la parte posterior del Jeep de Daniel y la sangre fría de Oscar que comiendo una vez más una saludable manzana que encontró en el interior de la Nissan, se logró poner de pie a la Pathfinder y proseguir camino arriba. Salvando estas situaciones y con el tiempo que minuto a minuto se tornaba cada vez más amenazante, ya que a esa hora comenzaban a caer algunas gotas, proseguimos la ruta. No pasó mucho rato cuando otro pedido de SOS alertó a la caravana, esta vez el turno era de Guillermo, que quiso acariciar con el techo de su Dodge Rider el cerro que acompaña a la gran grieta. Empezamos con la Fiesta del Winche. Logramos sacar al Tata Rojo de su inadecuada posición y seguimos camino a la aventura.

Otro que nos deleitó haciendo la danza de los pies calientes fue Carlos M en su Montero, pareció que nos quería mostrar algún cambio que aparentemente le habría hecho al Mitsubishi en su barriga ya que insistía en levantar el las ruedas delanteras y mostrar sus partes íntimas.

Llegamos a la curva  donde Mogote preparó jugo hace algunos años. La grieta superior estaba tapada por los matorrales, así que debimos  usar una trepada que está antes. (Bastante más fácil). Una vez arriba, los peldaños se hicieron presentes. Otra vez Mogote se deleitó jugando con el peldaño y haciendo levantadas de rueda que después le pasarían la cuenta. Gino también pasó un susto de proporciones cuando su Cherokee quedó encima de un pequeño montículo que evitó que la rueda delantera derecha quedara enfrentada a un pequeño barranco. Junto a Claudio M. logramos sacarlo de esa incomodidad y luego de usar el pié derecho de Mogote como puente, logró remontar el jeep e incorporarse a la tranquilidad (entre comillas) que le daba el camino.

Adelante, en otra de las grandes curvas, los demás se entretenían con el espectáculo de Oscar, Daniel y Rubén cuando hacían rugir sus poderosas máquinas para lograr trepar hasta un lugar más cómodo. Claudio M. dejó claro que el cambio de su “negrita” fue muy positivo, aunque la vez anterior tampoco se vio muy complicado trepando esta ruta. Otro personaje que anduvo muy bien en la ruta fue Pato M. “Duck Table” que le sacó el provecho suficiente a la totalidad de suculentas inversiones que le ha instalado a su Cherokee, partiendo por neumáticos de primer orden para este tipo de camino.

Guillermo y Alfonso tuvieron que pelear más de lo que ellos mismos pensaron para poder pasar la ruta y en especial esta famosa curva, Alfonso debió hacer uso del Winche, en tanto que Guillermo debió usar su máxima sangre fría para salir de las incómodas posiciones en que quedó continuamente. Aquí se vio que la buena voluntad a veces puede terminar en un caos general e incluso en un riesgo para la integridad física. Durante la subida de Guillermo se dieron dos cosas que vale la pena analizarlas. La buena voluntad de algunos al tratar de ayudar con indicaciones, solo generan un caos y confusión para quién está conduciendo e incluso pueden poner en peligro la integridad física de los arriesgados ayudantes. Lo segundo fué el caso de Claudio A. que tratando de ayudar a Guillermo en un lugar muy peligroso, resbaló y casi cayó bajo las ruedas del Rider. Gracias a Dios no pasó a mayores pero pudo haber sido un accidente tonto y fácil de evitar al no situarse en lugares peligrosos mientras se presta ayuda. Luego de ese momento, tocó el turno a Carlitos, Hugo, Gino y creo que el último fui yo. Por suerte no tuvimos mayores problemas.
En la parte final del trayecto, los que iban en la punta tuvieron más de un inconveniente para pasar una piedra grande que los llevó al borde de un precipicio.

A eso de las 20.00 hrs. Estábamos llegando donde el tío Pelelo a preparar un buen asado y comentar la jornada. Una vez arrimados al quincho y extrañados por la falta de la lluvia pronosticada, sacamos los pertrechos y la carne mientras se preparaba el fuego para el asado tan esperado. Fue entonces cuando comenzaron a caer las gotas pronosticadas que al poco rato se transformarían en una copiosa lluvia que no se interrumpiría durante la noche ni el día siguiente.

Aquí junto al las carnes, hamburguesas, aparecieron quesitos, aceitunas, papas fritas y otros. Todas las exquisiteces que se pueden esperar en estas ocasiones, incluso el “lado oscuro” que estaba un poco escuálido, fue reabastecido Mistralmente por uno de los socios abstemios, que prefirió llevar este bocado en vez de carne.

La convivencia que como siempre muy amena y distendida, acompañada por los ricos strudel de manzana que nos envió Alejandra, se prolongó hasta cercano a la medianoche, cuando algunos comenzamos a retornar hacia el Hostal en Panimávida. Allí nos acomodaron en las habitaciones que la organización (Cesar) nos tenía reservada. Aunque el cumpleaños que se celebraba estaba que ardía en el comedor y más de una invitación a bailar se escuchó, los cansados pilotos se entregaron a los brazos de Morfeo…

RUTA: Trepando al Filo de la Bandera

Luego de un concierto de ronquidos y un reparador sueño, comenzamos el día domingo con un buen desayuno en el hostal. La lluvia y viento no cesaron durante la noche por lo que varios estábamos preocupados por el estado de la ruta hacia la piedra de la Vizcacha, aunque según explicaciones del Tío Pelelo, realmente nuestra meta era llegar al Filo de la Bandera, lugar que se encuentra paralelo a la rebuscada Piedra. Sufrimos unas deserciones, Guillermo V. Hugo M. y Claudio A. debieron regresar a Santiago, los demás, rápidamente nos pusimos en camino hacia nuestra ruta trazada, la cual desde un comienzo se notó con mucho barro en algunos sectores, donde se escuchaba por radio. “pasé con tracción simple…..” creo que varios lo intentaron pero muchos fallaron, y debieron conectar la doble tracción.

Llegamos al estero que cruzamos el día anterior, pero este había cambiado. El caudal era el doble y mas torrentoso que el día anterior, por lo que ninguno se atrevió a pasarlo. Al pasar por el desvío del “8”, se veían las zanjas que se habían transformado en pequeños arroyos. El camino que se internaba remontando entre el hermoso bosque nativo de la zona que entre las nubes y la lluvia se veía imponente.

El segundo grupo, el cual encabezaba, seguíamos las instrucciones que nos entregaban los del grupo de avanzada quiénes iban uno metros delante, por ahí aparecieron algunos desvíos con bastante barro, los cuales obviamente disfrutamos, ya que es los que  buscábamos. Al rato nos juntamos con el grupo que nos precedía, ya que Pato M. nos esperó en unos desvíos para no equivocarnos, desde ahí avanzamos agrupados, ya que el camino se ponía cada vez mas complicado.

Una bajada con bastante declive y muy resbalosa, me hizo pasar susto, ya que la cola de mi Grand se quiso ir hacia un barranco, pero no pasó a mayores. La bajada terminaba en un estero, que todos debimos pasar. Desde éste punto, la caravana completa solo avanzó algunos cientos de metros ya que llegaron trepadas mas complicadas y algunas fueron pasadas solo gracias al winche.
A pesar de los letreros al borde de la ruta nos decían “NO DAR JUGO”, de aquí en adelante el grupo se disgregó, quedándose a un costado Carlos M. y Gino, quienes no continuaron avanzando cuidando sus máquinas, pero eso no impidió que a pie fueran a ayudar, sobretodo agradezco a Carlos que se trasformó en el ingeniero de ruta, quien dirigía la trepada mas complicada, donde al subir había que apuntarle entre un tronco y una roca, luego otra roca y otra, enwinchándose al menos en dos puntos diferentes ya que sino era imposible subir.

Mas adelante nos adentramos a un bosque que luego se sale a un claro y para volver a otro bosque, había otra trepada bastante complicada donde vi transpirar bastante a Alfonso E. quien pese a muchos intentos y yaco, debió utilizar el salvador winche. Le seguía Mogote quien un tanto “ansioso” por la espera, enfrentó la trepada con su sutileza y yaco característico, lamentablemente la ruta se había roto muchísimo, por lo que también debió usar el winche.

Cuando me dio aviso para subir, yo ya iba dispuesto a usar winche, pero tuvimos la gota de fortuna y mi Grand subió como un gato. Metros mas adelante Mogote me llama pidiendo ayuda ya que estaba en una posición muy incomoda, la nariz del Cherokee se salio del camino y apuntaba al barranco, por suerte había un arbolito que nos ayudó. Luego de ayudarlo, otra vez con el winche, seguí en ruta tras los pasos de Mogote quedando yo en apremios, apoyado en el mismo arbolito, aquí me ayudo Carlitos M. quien venia detrás en su Cherokee. A unos metros de allí se estacionaría Alfonso y Carlitos, tras desmontar un neumático en la trepada con winche opto también por estacionarse, continuando ruta Mogote y yo, pero solo por un centenar de metros mas, ya que mi winche no quiso enrollar mas y quedo inutilizado.

Desde este punto, a solo unos 800 metros de la meta, vimos a Pato M. como trepó una subida de miedo, donde se lucieron sus zapatos nuevos, aunque también el winche fue necesario. Nosotros subimos a pie hasta ese punto, pero el grupo de avanzada continuó camino hacia la meta, por lo que regresé con mi hijo al Jeep. Con Mogote esperamos, mientras escuchábamos por la radio al grupo de avanzada y que Pato M. no continuaba quedándose a solo uno 600 mts. de la meta.

A esa hora comenzó a entrar neblina y quedaban pocas horas de luz natural, por lo que Mogote como responsable del paseo, instó al grupo de avanzada a regresar. Oscar y Daniel pidieron poder seguir hasta la meta que solo estaba a metros del lugar donde se encontraban. Minutos más tarde, estos gritaban que se cumplía el desafío. Los Wrangler en masa llegaron a la meta. Oscar V., Daniel S. y Rubén L. pudieron disfrutar del sabor de la victoria y posaron para la posteridad junto a sus JEEP.

(Comentario aparte: curiosamente los que conquistaron esta vez la cima fueron solo Jeeps– solo un comentario para la reflexión)
Pasada la emoción del momento, el grupo empezó el descenso hacia el lugar donde nos encontrábamos el resto. Comenzamos la bajada, ya que la luz se iba, y el camino difícil había que desandarlo. Nos fuimos reagrupando en la bajada. Bajar ese camino resbaloso que de ida usamos winche, fue por no decir menos un castigo para las máquinas, ya que iban dando tumbos de roca en roca y por ahí una apoyadita poca en un arbolito,…. no nos entraba ni un alfiler……

Así llegamos al estero que debíamos atravesar, recuerdo haberle comentado a Mogote que me preocupaba la subida después del estero, comentario que éste la había hecho a Oscar con anterioridad, ya que al bajar habíamos pasado susto y con mi winche malo, iba a solicitar ir detrás de Oscar o Daniel.
Alfonso que estaba delante de mí fue el primero en intentar salir de ahí. Cruzó el estero que había crecido una enormidad y al comenzar a subir, se le fue la cola quedando muy incomodo, medio ladeado hacia el precipicio.

Rápidamente fuimos en su ayuda, donde debí entrar en el agua para apoyarlo con cinta. Enwinchado, con la ayuda de los participantes y una cinta de tiro se logró sacar lo de su incomoda posición, para luego trepar sin problemas por el resto de la resbalosa subida. La trepada que era realmente muy complicada ya que estaba muy embarrado lo que la hacía especialmente resbalosa, además, tenía una leve inclinación sin barandas a un precipicio de proporciones.

Junto a otros miembros del grupo y bajo una persistente lluvia, caminamos la subida para no cometer errores al trepar y no tener algún contratiempo que lamentar. Me tocó el turno, gracias a Dios no tuve contratiempo y la trepé sin mayores inconvenientes, esos de que no se salvó Carlitos M. quien necesitó de ayuda para salir de una posición incomoda. El grupo siguió subiendo sin problemas hasta que el último, Daniel quedó complicado.

Gracias al uso del winche instalado en la parte trasera del jeep, salió sin mayores inconvenientes de su riesgoso estado. En la bajada, Carlitos M. y Alfonso desmontaron neumáticos, lo que nos retrasó bastante. La vuelta al Hostal cobraría otra víctima. Esta vez fue el Cherokee de nuestro presidente que quedó listo para el dentista. Rompió el diferencial delantero y debió proseguir solo en tracción simple.

De ahí en adelante, continuamos sin contratiempos el camino al Hostal, ahí nos esperaba una deliciosa cena, que incluía una buena y reconfortante sopa caliente. En el lugar, pudimos relajarnos de la muuuuuucha  adrenalina que traíamos en el cuerpo. Para el postre salieron los siempre bienvenidos panqueques, mermelada de frambuesas y manjar, que nos había preparado Alejandra. Obviamente no era posible llevarlos de regreso, así que con la ayuda de las damas presentes, que se lucieron preparándolos, logramos devorar la totalidad de este exquisito postre.

Terminada la cena y los sabrosos comentarios acerca de la ruta, la mayoría nos fuimos a descansar, quedando apernados tras una buena “piscolita” algunos rezagados buenos pa’ la conversa y la risa. Al día siguiente, después de una noche reparadora y un opulento desayuno, empezó la preparación para la vuelta a Santiago.

En un trayecto sin problemas, Mogote que como recuerdan tuvo problemas dentales en su jeep, debió ser auxiliado por dos dentistas improvisados (Gino y Cesar) cuando debieron desarmar en la ruta el diferencial y poder proseguir el regreso a casa. El regreso fue bastante expedito llegando a Santiago tipo 4 PM.

Hasta el próximo paseo.…

Miguel G y Claudio M.

 

Participantes:

Oscar V.                        Jeep Rubicon
Daniel S.                         Jeep Rubicon
Ruben L.                        Jeep Wrangler
Patricio M.                         Jeep Cherokee
Miguel G.                        Jeep Cherokee
Alfonso E.                        Jeep Cherokee
Claudio A.                         Jeep Cherokee
Gino B. y Cesar             Jeep Cherokee           
Claudio M.                         Jeep Grand Cherokee
Guillermo V.                         Dodge Raider
Hugo M.                        Nissan Pathfinder
Carlos M. y Tito E.            Mitsubishi Montero
Carlitos M.                        Jeep Cherokee

 

 

 


 


 

 

 

 

   
 
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