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"desde su pequeño mundo este jeep tan alto y monstruoso conlleva la ilusión de alcanzar lo inalcanzable"
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PASEO A RESERVA RIO CIPRESES Y PANGAL Valentina y Camila llevan contados los días que faltan para el paseo a la montaña. Para sus cortos años, ir a la montaña les parece una aventura extraordinaria, que las mantiene ansiosas a la espera del gran día. Se despiertan temprano y se visten rápidamente a la espera de partir. Ellas mismas escogieron ir en el Cherokee, ya que desde su pequeño mundo este jeep tan alto y monstruoso conlleva la ilusión de alcanzar lo inalcanzable. Desde el momento en que se enciende la radio al salir de casa el paseo ya se empieza a vivir. Los voces saludando se multiplican entibiando la fría mañana. Hoy hay un buen grupo. En realidad, una de las grandes virtudes de este Club de jeeperos-amigos es que siempre hay un buen grupo para compartir. Valentina y Camila disfrutan con esto de la radio, y preguntan animadamente quién es quién. Con singular puntualidad prácticamente todo el grupo llega al punto de encuentro. Aparece Francesco el organizador con Daniela su polola, David y señora Inge, Luis Alberto con su familia, César con la Vero, Ricardo G. con su hijo Tomás y una amigo, los hermanos Carlos M. y Lucho con un hijo y uno sobrino, Carlitos M. con su hermana y una amiga, Alfredo W. con su señora Gabriela y su pequeña hija de 10 meses, y mucho, pero mucho más atrás Carlos R. en solitario. Fue una lástima que Carlos R. no pudiera encontrar un copiloto que lo acompañara. El grupo lo completamos con Valentina, Camila y yo, para totalizar 10 jeeps. Nuestra primera estación fue las Termas de Cauquenes, centenarias termas que albergaron en alguna ocasión a nuestros libertadores O’Higgins y San Martín, las que pudimos visitar para conocer sus tinas de mármol y espectaculares vistas. Quedará pendiente disfrutar de su reconocida gastronomía. El próximo destino sirvió para conocer la Reserva Nacional Río Cipreses, donde disfrutamos de un distendido picnic, momento que siempre se convierte en una gran oportunidad para conversar y compartir. Para algunos un poco más hiperkinéticos, también fue el momento de probar sus 4x4 en unos montículos que nos rodeaban. Así fue como Francesco nos hizo pasar algún susto mientras mostraba el recorrido de su suspensión, hasta que finalmente, como una película ya vista previamente, terminó inevitablemente colgado de la panza de su Toyota. Tanto va el cántaro al agua, que al final se queda pegado, se escuchó decir. Y como siempre también, prontamente vino la ayuda para rescatar a Francesco. Esta vez el encargado fue el estrenado Cherokee de Ricargo G., el cual una vez terminado el proceso, quiso en el mismo sector probar las inver$ione$ realizadas a su Cherokee, las que lo dejaron plenamente satisfecho. Claro está que a su hijo Tomás, no le pareció muy bien que su padre osara conducir un tanto agresivamente, ya que con un fuerte y seco “me estás rompiendo MIS neumáticos” dejó en claro su rol de dueño del jeep dejando a Ricardo G. reducido a un mero financista (inver$ioni$ta para otros). Terminado el almuerzo y habiendo ya compartido datos y consejos sobre mudas y pañales con Alfredo W., visitamos el Centro de Información, que contiene una interesante muestra de especies que abundan en la zona. Todos disfrutamos con la muestra de Guanacos, Zorros, Búhos, Cóndores, y una gran variedad de animales e insectos. Incluso tuvimos la oportunidad de ingresar al laboratorio donde varios especímenes se encontraban en formalina esperando la acción del taxidermista. Más de alguno de los socios emblemas del Club se sintieron muy interesados en los métodos de conservación en formalina. Para Valentina y Camila ingresar al Centro de Información fue todo un descubrimiento de un mundo nuevo que sus ojos y mentes comienzan a conocer. Continuamos hacia el Pangal guiados por Francesco. Valentina comentaba que su “amigo” Francesco iba primero por que el conocía el camino de antes. Los niños nunca olvidan, y Valentina tiene grabada en su memoria el regalo de una pequeña jaivita que Francesco le hizo cuando fuimos a Atacama, hace ya casi dos años. Desde ese tiempo que reconoce a Francesco como su amigo. Lamentablemente, cerca de la barrera de Carabineros, a Carlos R. se le detuvo el Rubicon sin mayor explicación. Descartado lo básico, no hubo forma de encontrar la falla, y el apremio de la hora (se cerraba el paso hacia el Pangal) nos obligó a dejar el Rubicon con su dueño (este sí que es dueño) estacionado en Carabineros en búsqueda de la falla. Fue una falla tan inexplicable, que hasta se pensó en un acto de magia negra proveniente de algún copiloto abandonado en Santiago. La caravana reducida a 9 jeeps, se internó por el valle hacia la cordillera, trepando por la Cuesta Caracoles. Nuestro presto guía nos explicaba las características del sector y una de sus grandes atracciones: un acueducto de madera, aún en uso, convertido en el más antiguo del mundo. Observado de cerca, es sorprendente el genio humano que construyó un acueducto entero de madera para canalizar las aguas hacia la central eléctrica que provee de energía a la Mina el Teniente. Luego de admirarlo, el camino seguía encumbrándose en nuestra Cordillera. Valentina y Camila estaban felices, sobre todo por que la gran promesa de encontrar nieve se hacía más cercana con cada kilómetro recorrido. Así llegamos a la Mina La Juanita, donde seguimos camino hacia las Lagunas Las Truchas. Por la radio se escuchaba a Carlos R. comentar que había solucionado su problema. Era simplemente un fusible de la bomba de bencina quemado. La nieve comenzó a poblar completamente nuestra ruta, y comenzaron los jeeps a patinar y se hizo necesario conectar el dual. La nieve tapó completamente la ruta a medía que ascendíamos y el paisaje nevado era toda una postal. Finalmente nos detuvimos por la hora y por una compleja trepada. Pero fue el momento para disfrutar de la nieve como niños en un recreo. Mientras algunos jugaban a la guerra con bolas de nieve y otros más osados se lanzaban de cabeza por un tobogán de nieve, mis hijas escalaban fascinadas por una pendiente de nieve. Gabrielita, la hija de Alfredo W., llenó su sonrisa de 10 meses con los intentos de su padre para girar su jeep e iniciar el retorno. Este era el momento cúlmine de un paseo perfecto. Iniciado el descenso con un multicolor atardecer, al pasar por Coya dos socios extraviaron el camino. Pareciera no importar el tamaño de la ciudad o pueblo, pero siempre alguien termina perdido. Claro que entre los perdidos, que esta vez fueron César y Ricardo G., existe un mínimo común denominador. Adivinen. El regreso no es regreso cuando uno lo ha pasado tan bien. El regreso a casa se convierte en un oasis lleno de recuerdos de risas y amistad, que queda en la retina a la espera de un nuevo paseo. Valentina y Camila se durmieron contentas. Ahora cuentan los días que faltan para una nueva aventura.
Gonzalo B.
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