Mi experiencia con los Jeeperos de Chile

Claudio M.

He titulado así el relato que he debido preparar como requisito a los postulantes, para no relatar solo uno de los paseos a los que he asistido, y que tan bien relata mi padrino. Sino más bien, comentar las sensaciones que he sentido durante todos ellos.

Recuerdo un día de Septiembre del año 2006, después de revisar varias paginas web de Jeeperos, encontré la de Jeeperos de Chile, en la que al leer su historia y sus fundamentos, me gustó mucho el énfasis familiar y en la seguridad, por lo que me interesó mucho acercarme al grupo. Aunque existía una gran traba, no conocer a nadie en el grupo que me pudiese invitar, por lo que decidí enviar un mail para tentar la suerte.

No pasaron días cuando recibí respuesta de César D. secretario del club, quien cordialmente me respondió e incluso me invitó a una reunión del Club. No se imaginan lo entusiasmado que estaba, pero como no podía asistir  por encontrarme en el sur, convencí a Alejandra que me reemplazara. Cuando le conté a César, diplomáticamente me dijo, “no es que seamos machistas y no incorporemos a la familia, pero con nuestros temas se va a aburrir...”

Ahí fue cuando me invitó al paseo “Entre Tongoy y Los Vilos”, ofreciéndose ser el socio responsable, pero obviamente mi camioneta debía cumplir con las normas de seguridad, más los implementos básicos, de los cuales nada tenía, pero me dijo “no te preocupes yo te paso cinta de tiro y radio, pero encárgate de tener gancho tanto delante como detrás”, recomendándome a Alejo S. para que efectuase la faena.

Ese viernes previo al paseo, estuvimos en el taller de Alejo hasta que el gancho quedó ok, ya muy entrada la noche. Allí conocí a Carlos R. y a Carlos M. quienes ya sabían de mi existencia, lo que me sorprendió gratamente.

El sábado nos juntamos en la Copec de Lampa, donde por fin nos conocimos con César y con los demás participantes quienes nos dieron una afectuosa bienvenida. César me pasó la cinta, la radio y partimos rumbo al norte. No se imaginan lo grato que fue sentirnos cuidados por Gaspa y César quienes durante todo el paseo nunca nos perdieron de vista, al igual que la preocupación de los otros socios asistentes.

Al llegar a Huentelauquén y aprontarnos a entrar en las dunas, me sentí preocupadísimo ya que tenía miedo de ser el primero en tener problemas. Pero gracias a que Mogote a la entrada de las dunas se quedó enterrado, con Alejandra nos relajamos. Luego vinieron trepadas y bajadas entretenidas tanto en dunas como en cerro, donde se lució mientras duró una C-30 monstruosa. Como olvidar que tuve que usar el gancho recién instalado, para auxiliar con mi camioneta viejita…. a un Montero …. Nuevito y reluciente!!, que tuvo problemas al tropezar dos veces con la misma duna. Este paseo tuvo el primer “día de …. ”, y en esta ocasión fue del POLLO!!!

Nos encantó el grupo, además que Claudito conoció amigos nuevos, como Gerardito y el Tomy, con quienes jugó y ni hablar de lo bien que lo pasaron cuando Gerardo los paseó en la tabla, haciendo algo así como “sandboard”, disfrutado incluso por algunos socios grandotes. Por supuesto que Alejandra no se olvidará de la noche que trataba de hacer dormir a Felipe, y comenzó un “machitún” con trutruca incluida, a tan solo a un par de carpas de distancia.

El segundo paseo, también familiar, fue a Chacabuco, donde por primera vez me enfrentaba a trepadas en roca, donde me quedó grabada la instrucción de Gonzalo B. “Claudio... en primera low, y aquí no se usa el embrague”, lo que me pasaría la cuenta en Linares, (Gonzalo, eso no funciona en bajadas con grietas en vehículos mecánicos). La primera roca la pase haciéndole sólo un cariño a la bandeja del winche, pero la segunda se me hizo impasable, y la que tuve que enfrentar por el costado. Posteriormente tuve que limitarme a avanzar hasta el lugar del asado, que tendría el día de la “palta”, sin intentar más nada, ya que mi camioneta comenzó a fallar.

En Diciembre fuimos al asado en Farellones, donde tuvimos el día de la “Frutilla”, estaban ricas ¿verdad Gonzalo? A Laguna Congelada asistí como copiloto de Mogote, aunque de éste (del paseo) no puedo comentar, excepto que tuvimos el día del “chocolate”, alguien se quedó sin bencina cerca de Los Ángeles y conocimos un tarro de crema con… “una oreja o argolla, no sé, algo así”.

  “La  sin Puertas” en Linares, sería mi primer jeepeo en serio. Ruta muy entretenida, a la que fui con Claudito, como copiloto. No podremos olvidar el inicio de la ruta, una subida con curva muy cerrada a la derecha, donde mi camioneta no pudo doblar, y al retroceder para maniobrar, justo pasó lo inesperado… se detuvo el motor, se apagaron todas las luces del tablero y por supuesto cuando le di partida, no hizo nada, estaba como muerta. ¡¡¡Nunca había transpirado tanto...!!! De inmediato llegaron a ver que pasaba, unos decían lo subimos con el winche, otros que Mogote lo tire, pero yo decía que estaba sin batería, y pensé “hasta aquí llegó mi paseo”, incluso para no atrasar al grupo, dije “yo me devuelvo a Linares a comprar una batería”, pero César me tranquilizó y me dijo “no te preocupes, primero hay que agotar todas las instancias”. Probamos con el partidor de Mogote y voilá partió, pero cuando accionamos el winche, se cortaba la corriente, por lo que yo ya estaba convencido que la batería no daba más y creí tener que devolverme, cuando alguien gritó ¡aquí está el problema, un borne sulfatado!; rápidamente lo limpiamos y efectivamente partió sin problema, aunque todavía me quedaba salir de esa incomoda posición, por lo que Alfredo W. se acomodó de manera de tirarme la cola hacia el camino, con lo que podría intentar nuevamente la subida, pero al perder tracción, debí ser tirado por Miguel.
 


   


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