Mi experiencia con los Jeeperos de Chile
(continuación)

Claudio M.

Reconozco que pasé mucho susto y me quedé muy preocupado pensando “si ésta es la primera curva… ¿cómo será más adelante?”. Primera vez que conducía sobre grietas, entre murallones o toboganes, andaba en tres ruedas, pero debo reconocer que no solo aprendí a subir por ellos, sino también que se deben bajar “lentamente”.

Hubo situaciones de mucha preocupación, como cuando Tito al retroceder quedó en una posición muy incómoda, con su rueda delantera izquierda cercana a las nubes y botando combustible a raudales por la tapa de bencina. Todos corrimos a ayudarlo, algunos haciendo contrapeso (los más fuertes), otros colocando cintas para tirarlo y afirmarlo al cherokee de Patricio M. y con su winche poder salir de esa incomodísima y riesgosa posición, para luego ser tirado desde arriba por el Bronco de Oscar. Después subieron los cherokee de Gonzalo y Miguel, pero los monteros pasaron por la ruta alternativa. Cuando tocó mi turno, decidí hacer un intento y la camioneta subió sin problemas, sacando la cara por los Mitsubishi y los invitados. No se imaginan lo bien que me hicieron sentir con las felicitaciones que me daban los socios, cada vez que superaba la ruta, sobre todo después del fiasco en la primera curva.

Al acampar como en todos los paseos, se viven gratos momentos y veladas, donde se comparte aperitivos, quesitos, pichangas, salame, e incluso aparece “El Lado Oscuro”. En este paso la vedette fue “la pierna de Gaspa”. Y en el desayuno fue una sandía que llevé, la que nos dio un toque de desayuno Continental.

Luego la ruta nos deparaba algunas sorpresas, siendo la más difícil, la bajada en el tobogán que provocó un festival de levantamientos de ruedas, donde en mejor o peor forma, todos la superamos. Por mi parte, reconozco que pasé muy mal esa parte, ya que lo hice muy rápido, por lo que fue muy desprolijo, incluso se me detuvo el motor un par de veces y ni hablar del topón en el muro. Una pocita de barro en la ruta, me dio algunos problemas, pero la logré superar y entretener a los espectadores, claro que llevándome un pequeño arbusto en el parachoques trasero.

Mi primera visita a Ritoque a conocer el “Cuco”, fue muy entretenido y quedé asombrado de cómo algunos socios se manejan en las dunas, incluso de noche. Este paseo familiar, contó el día de “los Churrascos”, que Alejandra preparó con cariño.

Hubo dunas que la camioneta no fue capaz de superar, quede colgado, incluso desmonté. Aunque aprendí que a todos les puede pasar, incluso al Presidente. El encuentro con el cuco hizo pedazos una homocinética y también una batería. Ya de noche, el Cuco tendría algo perdidos a otros participantes, aunque al describir por radio el lugar (junto a una cerca), Gino les dijo, “no se muevan que se donde están”, así que raudamente junto Gonzalo y Óscar emprendían camino al rescate, pero fue aquí cuando el Cuco acarició al Bronco, no dejándolo partir. Nosotros nos quedamos a intentar dar solución al Bronco, al que le revisamos hasta la bomba de bencina, con la guía del comodín telefónico San Canalla. Finalmente y después de colocarle bencina... “partió”. En ese instante el grupo de rescate ya había encontrado al los perdidos, y emprendían el regreso, por lo que nosotros también, reagrupándonos en la bomba de bencina en Concón.

Feliz por haber superado Ritoque y al “Cuco”, sin imaginar que al regreso este personaje, habría de tocar mi camioneta. Acompañado por Miguel, Gino, Óscar y Carlos R., en un área de servicio decidimos desmontar para chequear. Al sacar los pernos y separar el eje, comenzó a caer viruta de metal, lo que corroboró el pre-diagnóstico, “rodamiento roto”, lo que no tenía solución posible en ese lugar. Gracias a la grasa spray que tenía Óscar, pude continuar y llegar a casa, siempre acompañado por los amigos mencionados, lo que me recuerda haber escuchado alguna vez, “se agotan primero todas las posibilidades y comodines pero no se abandona a nadie”.

El Fundo Las Vizcachas (del Tío Pelelo), en Rari, Linares, sería mi quinto paseo, al que iría con Claudito quien conoció a un nuevo amigo, Alonso (hijo de Tito) con quien jugaron, subieron y bajaron cerros a lo largo de la entretenida y difícil ruta en sectores. Al llegar al lugar, armamos campamento y almorzamos, donde saqué a relucir los quiche y el strudel de manzana que Alejandra nos había enviado; strudel que iba con mención para los socios que nos habían acompañado al regreso de Ritoque.

La ruta que nos esperaba tenía trepadas muy difíciles, algunas de ellas no pude superar, por falta de tracción o porque la cola me topaba en el suelo. También muchas grietas, escalones, roca con cascajos, camino entre el bosque, etc.

Recuerdo a:

  • - César que quedó en una difícil posición al acomodar el Jimny y tuvimos que darle una manito
  • - Al Manutara posado sobre su trasero contemplando las estrellas
  • - Una camioneta que no pudo en una subida y debió usar winche
  • - “don” Hugo probando en las grietas su recién instalado ARB
  • - Todos revisando por arriba y abajo las latas de conserva previo a su apertura
  • - Una motosierra que echaba humito tratando de aserrar un tronco caído
  • - Un machete que justificó su asistencia
 


   


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