PASEOS
EL RAID DEL BIFE CHORIZO
 
     
 

El raid a Mendoza se inició el día viernes a las 6:00 AM.

El viaje fue tranquilo, con mucha neblina matinal, pero sin nada de tráfico, lo que nos permitió cruzar el paso fronterizo con rapidez y en forma expedita. Incluso quedó tiempo para una última llamada en territorio nacional al grupo del paralelo a Pichilemu, a eso de las 9:30 hrs. La comunicación se llevó acabo con Roland, quién en solitario esperaba al resto del grupo en la Copec de Malloco, para saludarlos y desear suerte.

Ya en Argentina, se comenzaron a vivir los primeros efectos del raid. Con un día esplendoroso lleno de sol acompañándonos, paulatinamente el acento de los viajeros fue cambiando, quizás por que las ondas de radio ahora se comunicaban en Argentino.

  1. – Ché César, ¿viste que hermoso que está el cerrrro ése, viste?
  2. – Y sí, está re lindo. Dejáme que me pare allllá a mirar.
Durante el trayecto, la detención a almorzar se realizó en un antiguo puente a un costado del camino, que se supone fue utilizado por el ejército Libertador en su paso por Los Andes. Apareció Gasparín con una maleta y un cooler, dejándonos a todos con la duda si esas reliquias las había encontrado en el puente o si provenían del maletero de su Hyundai.

Llegados a Mendoza y armado el campamento en un buen hotel, fuimos inmediatamente a reconocer ruta a un mall. Tuvimos algunas dificultades.
César se quedó pegado en el queso de un pizza mientras Gaspa hacía trial en unas brochettas de pescado. Gonzalo por su parte vadeaba el jugo de limón de un pollo a la parrilla. Ya superado el desafío, todos se fueron a trepar por dunas de helado que en todos sus sabores eran superadas por nuestros rugientes estómagos.

Al caer la noche, una agradable celebración de cumpleaños de Verónica fue el punto de encuentro para comentar las aventuras del día.
Como todo no tiene que ser jeepeo, el primer destino del sábado fue el zoológico. Disfrutamos con leones, pumas, cebras, tigres, hipopotamos, etc, pero quién definitivamente se llevó todos los aplausos fue el elefante asiático de dos trompas.

Un poco avergonzados después de la inevitable comparación, preparamos motores para dirigirnos a la segunda etapa de jeepeo. El paseo era tranquilo hasta que llegaron los bifes chorizo. Cada uno tuvo que extremar sus habilidades. Mientras César utilizaba su muñeca para con habilidad cortar la carne, Gonzalo demostraba el gran recorrido de mandíbulas que no se le conocía. Gaspa no se quedaba atrás y después de cruzar una cerveza entró de lleno al bife chorizo. ¡Cómo andan los 32 MT que calza la boca de Gaspa!. Al igual que el día anterior, el paseo concluyó jugando en las dunas heladas, deslizando la lengua por los cuchillos de dulce de leche y ananá.
Estuvo tan bueno el jeepeo que ni siquiera quedaron ganas de almorzar. Y debido a la adrenalina vivida dentro de los estómagos decidimos salir a caminar, por la Plaza de la Independencia y el Paseo Sarmiento, con sus ferias artesanales y eventos.

Un poco cansados, para distraer la mente y reponer energías, fuimos a los juegos del mall. El aperitivo fueron uno autos chocadores, una especie de rueda de la fortuna que se balanceaba y se balanceaba y el golpe del martillo. Luego llegamos al plato de fondo: el bowling. Unido al grupo Eugenio, cual más cual menos, amenazaba con un triunfo frente al resto. Pero la verdad debe ser dicha. Primero César, segundo Gaspa, tercero Eugenio y último Gonzalo, lejos.

Ya repuestos, Eugenio recomendó una ruta que había hecho a la hora de  almuerzo y que había sido muy buena. Con la emoción de aventurarnos en un jeepeo nocturno, llegamos al punto de encuentro. Antes de salir al camino de tierra nos sorprendieron con una cata de chardonay y cabernet sauvignon, que fue el primer aviso de que el jeepeo prometía. César fue a probar esta vez con las inclinaciones, quedando varias veces ladeado en los ñoquis y, cuando pensamos que no salía, se mandó una tremenda pasada por la salsa de tomates que sacó aplausos. Gonzalo probó las dunas cortas de agnolotis con ricotta y crema y jugó al trencito con Gaspa en sendos bife chorizo. Fue un jeepeo espectacular, que dejó el ánimo encendido para una revancha en bowling, claro que sin César, en la que Gasparín demostró  grandes habilidades con las bolas.

El domingo se desarmó temprano el campamento para regresar a Chilito. Para evitar problemas mecánicos de última hora, se optó por regresar sin jeepear.
Cuando nos acercábamos a la frontera, los últimos recuerdos del jeepeo con acento argentino se comentaban por radio:
  1. – Che Gaspa, ¿viste qué recorrido tienen las mandíbulas e Gonzalo?– dijo César
  2. – Mirá, si parece que se soltó la barra del cinturon antes de comer– contestó Gaspa..
  3. – Andá, che, que Uds no lo hicieron nada de mal –replicó Gonzalo comiendo chocolates en ramas.
  4. – Y... por ahí se lo proponemos al club y organizamos un trío a Mendoza.
    – Me parece bárbaro che, claro que con tanto jeepeo voy a tener que ponerme a régimen
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Gonzalo B.

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