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"y como dijo A. Prat (presente) en su momento, gritó al abordaje y de un salto llegó al lecho del tranque con su Cherokee"
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Paseo a Villa Baviera Efectivamente, el 21 de Mayo una veintena de jeeperos, casi todos en familia se juntaron en la Copec de San Francisco de Mostazal para emprender una visita a la mítica y misteriosa Villa Baviera (ex Colonia Dignidad). La partida fue a las 9:30 hrs. Con salida alemana, casi el 90% de los vehículos emprendieron rumbo a este paseo tan especial. En el camino se fue completando la caravana con algunos rezagados, como Gonzalo B, Rubén L., Carlos R., Alfonso E, quien habla y otros que llegaron a la Villa misma. El viaje se hizo sin tropiezos, salvo un pequeño incidente que tuve a solo a 5kms de la llegada y gracias a la gentil ayuda de amigos que fueron en mi ayuda, logré llegar a la Villa Baviera. Allí, los colonos residentes nos esperaban con un inmenso coctel de bienvenida, que era literalmente una gran muestra de todos sus productos culinarios – diversos tipos de quesos, cecinas, embutidos, jamones, galleta, panes, cervezas, vino y hasta pisco-sour, para rematar con una gama de salchichones especiales (choripan) preparados por ellos en la parrilla. Todo esto bajo la exquisita atención de los anfitriones. Finalizado esto, nos hicieron pasar a un gran salón donde nos explicaron con lujo de detalles lo que sería esta visita al lugar. Alojamiento en un Hotel habilitado, donde quedaron las familias. Consta de habitaciones con al menos tres camas y baño compartido. Todas bastante ordenadas, estas eran las antiguas instalaciones donde se albergaban a los recién llegados y solteros de la Colonia. El otro lugar, era un Hostal habilitado en el antiguo hospital de la Villa, este lugar era un poco más precario, pero siempre muy limpio y ordenado. Ambos bien calefaccionados y con una hermosa vista al predio. Una vez acomodados, pasamos a almorzar. Otra vez esta gente nos mostró su gran gastronomía con un asado chileno, con distintas carnes de ave, vacuno y cerdo, acompañado de puré de papas, jugos naturales de frutas del lugar, buenos mostos y/o cerveza, más ensaladas, distintos panes típicos alemanes, postres, café o té. Ya repuestos del hambre inicial, nos preparamos para salir a hacer un paseo a los alrededores, visitando una milenaria piedra llena de geroglifos. Al parecer, esta fue un altar de alguna antigua cultura indígena. Luego y ya avanzada la tarde seguimos nuestro recorrido, visitando algunos campos muy bien trabajados y aprovechados (da gusto ver como trabajan la tierra), hasta llegar a un tranque que están secando para enfrentar el invierno. Aquí, luego de hacer un par de bromas, no faltó quien picó y se lanzó de lleno a la conquista de este tranque y como dijo A. Prat (presente) en su momento, gritó al abordaje y de un salto llegó al lecho del tranque con su Cherokee. Grande fue el asombro de los presentes cuando vimos que no había caso de mover a este osado jeepero. Ya que la hora avanzaba y la oscuridad se hacía presente, además que ya empezaba el hambre atacaba de nuevo y con el típico “YACO” no había caso de moverlo, hubo que intentar con el tradicional método de ponerle “pilas” al 4x4 y sacarlo literalmente a “Pila”, a pila de jeeperos que tiraron con una cinta al jeep y lo liberaron. Nos dirigimos a la Villa, donde otra vez, nos esperaban con más exquisiteces. El lugar era una especie de PUB, típicamente adornado a la usanza Bávara, con maderas autóctonas, jarros cerveceros, botellas de cervezas importadas y nacionales, más otros adornos que hacían aun más cálido el entorno. Una curiosidad eran los mucho y diversos tipos de pianos que había en todos los lugares de esparcimiento interior. Una gran barra de madera en una esquina y una maravillosa cocina a leña (gigante) al centro terminaban de impresionar gratamente a los visitantes. Todo esto, siempre acompañado de una excelente amabilidad con que los colonos nos atendieron siempre. El día Sábado, temprano a las 08:30 hrs. Nos esperaba un suculento desayuno. Queques, panqueques, la más variada gama de panes, cecinas, quesos, mantequilla, mermeladas, jugos de fruta, yogurt (todo de elaboración propia), huevos revueltos con jamón y otras exquisiteces para deleitar nuestros paladares. Ya a estas alturas del partido, me maldecía de haberme operado antes de este paseo. Y solo pude atinar a llenar mi mesa de cosas ricas y darme un “patache” visual. Unos salieron con rumbo a la aventura, a los cerros del fundo de más de 37.000 has., las señoras fueron invitadas a un Tour por la colonia, donde conocieron las instalaciones, la historia y los mitos tejidos en torno a la villa y sus habitantes. Según las opiniones vertidas al respecto, este paseo fue más que interesante y provechoso. Otros que estábamos con algún problema mecánico, fuimos al taller donde otros colonos, con la amabilidad ya conocida, nos ayudaron y nos prestaron sus instalaciones para solucionar un problema suscitado en un eje del Wrangler presidencial y los problemas ocasionados tras el incidente de “Mogote” “Canalla”, Rubén, Oscar y yo partimos un poco más retrasados a buscar el barro que nos prometía una mañana muy lluviosa. No fue mucho lo que debimos avanzar para encontrarnos con las primeras dificultades, tras una trepada un poco inclinada y acompañada siempre de una buena zanja a la izquierda nos hizo complicado este trayecto inicial, la lluvia caía como en los viejos tiempos, era literalmente una cortina de agua que hacía muy resbaloso el sitio, subir sin irse al costado era casi imposible. Tanta era la complicación que agregada a neumáticos de calle, hacía más arriesgada la tarea. Seguimos en ruta y tras parar la lluvia, muy mojados, nos encontramos con el resto de la caravana que había llegado a la cumbre sin antes pasar por algunos inconvenientes. Claudio M. en su Galloper sufrió un poco en la misma trepada del Canalla. Sorprendente fue el comportamiento de la Tahoe de Günter y el Patrol de Gonzalo, que siendo totalmente estándar, subieron sin inconvenientes. Una visita, Rafael y familia, en una camioneta Mitsubishi nuevita de paquete nos acompañaron en este paseo. Gente muy agradable y respetuosa a las instrucciones de los guías. Después de haber tenido un paseo muy entretenido, con más de una emoción, harto barro y trepadas que complicaron a más de alguno y después de haber observado el inmenso predio y sus bondades jeeperas, que por cierto son muchísimas más de las que hicimos esta vez. Montón de caminos forestales, trepadas y otras rutas nos esperan para una próxima ocasión. El lugar resultó ser muy bello. Bosques de Pino y Eucaliptos muy bien trabajados se pueden observar en casi todo el trayecto, muchos árboles nativos y una exquisita flora donde resaltan los Copihues, que en gran cantidad a veces forman verdaderos jardines de nuestra flor nacional. La geografía es imponente, por un lado las montañas y por el otro, grandes llanuras sembradas y/o preparadas para la agricultura, que es parte importante dentro de esta sociedad. Ya era hora de emprender el regreso, siempre dirigidos por nuestro guía local en su apetecido Unimog, después de observar vistas con un atardecer maravilloso, llegamos en medio de fotos y filmaciones locales a la villa. Ahí otra vez nos esperaba la fantástica gastronomía y bondadosa atención de los colonos. Esta vez, después de un relax, nos esperaron a cenar. Con una deliciosa cena alemana celebramos el cumpleaños de nuestro amigo “Caludio” (Claudio A.)…un bello Cumpleaños Feliz entonado por un coro de colonos dio el inicio a la celebración de este nuevo evento. El día siguiente comenzó a las 09:30 hrs. Con un increíble desayuno y una torta inmensa para celebrar un cumpleaños más del Sr. Presidente. Luego hubo que ponerse y a realizar esas acostumbradas compras de rigor ( porqué será que las señoras no pueden evitar ese paso???)…. Hubo socios que debieron volver a la capital entre Calabazas, plantas y kilos de cecinas. Llegó el momento de despedirse de este increíble paseo y cada uno emprendió el regreso a casa… Les aseguro que muchos llegaron a empezar la típica dieta del Lunes. Antes de despedir este relato, no quiero dejar pasar mis agradecimientos a todos los participantes, en especial a Oscar V, Alfonso E, Ricardo G, Mauricio S y a los Hnos. M. que me ayudaron y socorrieron durante mi desagradable experiencia. A Canalla, Oscar y Rubén que me acompañaron en la reanimación del Vitara en el taller de la villa. A las señoras e hijos de los socios que nos acompañaron, formando una inmensa familia unida de jeeperos. Fue fantástico ver el regreso de la familia a nuestros paseos, ojala esto siga en aumento. Y en Anita y Felipe, hacer llegar a cada uno de los habitantes de la Villa Baviera que nos atendieron con una generosidad y gentileza difícil de describir. Muchas Gracias y que se repita este paseo pronto. Mogote
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